Ocaso Imperial: Ruptura y cambio
¡Esto es un horror! Lo que pasó hoy no tiene igual, es un antes y un después para nosotros. Nunca he visto tanta crueldad en mis años de vida, y todo a manos de aquellos insubordinados. Luego de la boda de Jerek y Cliara, en medio de la celebración, los cuernos del Fuerte Valanyar empezaron a sonar. Baeldor nos guió hacia Arghâl para organizar la defensiva de sus muros, pero la República se nos adelantó y para cuando llegamos, la sangre y los cadaveres de los guardias de la ciudad se encontraban esparcidos por todo el suelo.
No quiero ahondar en detalles de lo que fue la sangrienta batalla, pero en un momento pareciera que la luz se fue en todo el mundo, unos temblores hicieron estremecer todas las tierras de Imperium y desde la retaguardia de las tropas Imperiales lo pude ver a él; su armadura, su hacha y aunque su rostro se encontraba corrompido sabía que era Fausto; creo que detrás de él estaba ese imponente hechicero, Eishnër, pero… ¿Qué ganaría Eishnër con su resurrección?… Se pregunta mientras recuerda sucesos y rumores Por otro lado, Sakara, se autoproclamaba líder de las Hordas del Caos, ¿Qué habrá pasado con Mhorkvel? Lo peor de todo y lo que más me abruma es aquel momento…
Recuerda mientras una lagrima se hace ver en su rostro
Los Imperiales tuvimos que retroceder porque estabamos siendo acorralados, y dentro de toda la adrenalina y desastre, ellos quedaron solos, nuestro Emperador junto a la Teniente de la Armada fueron encerrados por una manada de caóticos. Por los dichos de Cliara Lakhar, logró escapar gracias a un acto heroico y valiente de Baeldor que con su espada distrajo a los enemigos, abriéndose paso y quedando en medio de las Hordas del Caos y los Republicanos, quienes lo atacaban y castigaban como si no fuese un ser sintiente. Los Imperiales una vez reagrupados quisimos hacernos hueco aniquilando a la República por la espalda, pero todo fue en vano. En ese instante pareciera que el tiempo se detuvo y todo comenzó a pasar lentamente, los guerreros y paladines matando a los seguidores de Fausto para llegar hacia él, nuestro líder se encontraba casi muerto, luego de brindarse como sacrificio para salvar a Cliara, y viendo su inminente fin, en medio de gritos, sangre y llanto, Baeldor gritó sus últimas palabras:“¡HONOR, VALOR Y GLORIA!”, clavando su espada en el suelo Arghaliano, apoyándose sobre ella con sus dos manos y una rodilla en la tierra, a la espera de su juicio. Al escucharlo, esas palabras atravesaron en mi pecho, justo en el corazón, como una daga letal y concisa, arrancando de mí todo aire de esperanza.
Desplomándose con sus rodillas en el suelo y observando al cielo al imaginárselo
Se nos ordenó volver a Banderbill la batalla estaba perdida; es algo cruel pensar en un reemplazo, pero el Imperio necesita un líder y consigo una reestructuración. Mi impotencia más grande fue no poder hacer nada, ¿Qué podría haber hecho? Soy solamente un clérigo, estaba curando a los soldados y protegiendo a los que iban al frente, no llegué a poder ayudar a nuestro Emperador, mi labor no es empuñar una espada pero quizá eso deba cambiar, no dejaré que los demás luchen y se sacrifiquen por mí, el Imperio va a cambiar, y mi persona también.
Observando el ocaso lleno de determinación
Autor: Orfeo