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Fría noche


Erikur llegó a su hogar. Colgó su espada y su escudo, a su lado, empostró su armadura y su casco —Al fín —exclamó, mientras juntaba sus manos y las frotaba para entrar en calor—

Se acercó hacia su hoguera y arrojó dentro de ella, unos leños de roble. Con un yesquero y tras varios intentos, logró encenderla.

Permaneció cerca de ella por un breve período y se colocó vestimentas cómodas: una túnica negra con bordados de color dorado.

Tomó asiento frente a su escritorio, y comenzó a redactar sobre una hoja de lino en blanco…

Noviembre, 3. Año 1580.

Hoy ha sido otro día cargado de incertidumbres. A pesar de los esfuerzos por mantener la calma, la desaparición de Thandell sigue pesando sobre nosotros. El Consejo de Ciudadanos de Banderbill se reunió y todo salió como había planeado. Necesitaba hablar con los ciudadanos y soldados; darles esperanzas. Al principio, lo logré. Mis palabras parecieron calmar los ánimos de los presentes, al menos por un momento. Les pedí que no temieran, que el Imperio debía seguir firme, que, aunque nuestro General estuviera perdido, no perderíamos nuestra unidad. Sin embargo, ¿cómo ocultar la inquietud que crece en mi pecho? No sé cuánto tiempo más podré mantener esta fachada de parecer calmado.

La intervención de Jerek fue lo que realmente marcó la jornada. El enano, siempre tan directo, trajo consigo noticias preocupantes. Baeldor no estaba satisfecho debido a la falta de avances sobre la búsqueda de Thandell, y reveló algo que algunos ya suponían: que podría haber sido secuestrado por el Gran Hechicero Garveloth. Las palabras de Jerek golpearon con fuerza, pero lo que dijo a continuación fue aún más impactante. Los fragmentos de cristal que el Supremo Hechicero de Agua había invocado contienen un poder formidable e inigualable. Según Jerek, estos fragmentos podrían guiarnos hasta Thandell, aunque no reveló todo lo que sabe. Hay algo en esos cristales que me inquieta, algo que no termino de comprender.

El peso de lo que viene se hace más evidente. Jerek dejó claro que la misión será peligrosa, y que solo los más valientes podrán unirse. No tengo dudas de que estaré entre los que marchen, pero no puedo evitar preguntarme si estaremos listos para sea lo que sea que enfrentemos. El destino de Thandell, y tal vez el de todo el Imperio, dependerá de nosotros. Al llegar a casa esta noche, después de todo lo ocurrido, no pude evitar sentir una gran fatiga. Dejé mi espada y mi escudo, los dejé descansar junto a la puerta. Solo quedé yo, frente al fuego de la hoguera, sintiendo el calor que necesitaba para recuperar fuerzas. Es curioso cómo la calma de la noche puede traer claridad…


Autor: Erikur

fria_noche.txt · Última modificación: 2025/03/13 17:31 por behjer