Lloviendo sobre la tierra marchita,
relámpagos queman árboles sin vida.
Sumidos en sombras, respiran los esperantes,
a un paso de la sangre, a un paso de la muerte.
Eternas siluetas, rotas y mudas,
sobre troncos secos, pulidos por el tiempo.
Ayer amortajados por eternidad,
hoy despiertan en la danza de la descarnación.
Autor: eldoctordelacumbiayrumba